Eres el salto involuntario El calor que me cobija el alma. La misma que guardo llena de dolores, de sueños inconclusos, de frustraciones. Eres la coincidencia más oportuna. El cerrar los ojos y saltar Al vacío. El miedo quedó atrás. Porque... El vértigo termina donde empieza tu sonrisa.
Quiero accidentarme en tu vida Y saber si lo estoy haciendo todo mal Estoy dejando caer todos mis muros Se desvanecen ante ti, por ti Y no duele. Quiero ser el accidente que te detenga Y saber si lo quieres hacer todo bien Que me dejes ser tu roca Y te desvanezcas ante mi Y entonces... Que sonrías.
que los labios se entumezcan de tanto besar y también lo haga el corazón, pues… de tanto
de tanto desear(te) me voy quedando sin verbos, sin palabras, sin armas. Me vas dejando sin nada
sin nada y sin nadie, pido disfrutar de la privacidad que tuvieron Eva y Adán. No para comer manzanas sino pecar, pecar y pecar
y pecar deslizándome por la eternidad de tu clavícula, y enredándome en las marañas de tus cabellos, y envolviendo con tus piernas mi alma y con tus manos mi cuerpo
mi cuerpo será tuyo al final del día, mis brazos, mis ojos que se pierden en los tuyos. Mis dedos que navegan en tu vientre y les hacen cosquillas hasta el alba
y que toques hasta el último de mis átomos
poniendo en práctica nuestro glosario de términos… Invadir(te), Explorar(te), desintegrarme en tus moléculas, derretirme en tus labios
hasta que sienta que me salvas la vida de un suspiro y que te llevas contigo todo lo que fui, y lo que alguna vez seré… Si me quedo contigo, si te quedas conmigo, si me pierdo en ti, si te dejas perder
Sentí una opresión de alivio en el pecho, como si tuviera mucho tiempo conociéndolo, deseándolo. Sentí el sabor de una tensa calma. Estaba ahí, estábamos ahí, y no se sentía incorrecto, no deseaba otra cosa. Me movía con la ligera seguridad de que nada podía ir mal.
De repente estaba realmente tranquila, como nunca antes, con una calma pura, natural, auténtica.
Dejé de tener miedo, y se me llenó el alma de lágrimas. Unas dulces.
Te busco en todas partes, sobre todo en las cosas que más me duelen. Allí estás tú, en ese pedacito de mí que no logra despejarse. Y entonces me sentí realmente sola. Como si nadie estuviera esperándome detrás del teléfono, como si la gente que viene y va en buses, en metro, en avión, en taxis, como si esa gente alguna vez no fuiste tu buscándome. Como si alguna vez no te esperé en algún terminal, como si alguna vez no volteaste para verme partir.
Debía encontrar una manera de huir, quizás era un mal momento, pero quiero retratarnos así, como ahora, como un lienzo en blanco, como dos extraños jugando a encontrarse, y que nada cambie, que nada se altere demasiado, y que quedes así en mi memoria, inalterable en el tiempo. Mentiría si digo que me siento del todo bien, soy un pequeño desastre ahora, pero no puedo evitar que me guste su cabello cuando cae en su cara, y sus ojos oscuros, y sus pestañas, y su voz, y sus dientes me vuelven loca, bueno su sonrisa, eso, y la que se forma en mis labios cada vez que habla. Supongo que el querer algo cura el haber perdido. Supongo que el querer lo cura todo.
Y me gusta vivir en esta frontera. Y ambos escuchamos canciones tristes, ambos tenemos relojes estropeados, y tengo una cierta debilidad por los relojes, y por los relojes estropeados, y de repente parece que el tiempo realmente se detuvo, y nunca me di cuenta de que entró y salió demasiada gente, del sitio, de mi vida, porque solo estaba viéndolo. Y pienso en su forma sexy de fumar cigarrillos todos los martes por la mañana. Y creo que estoy cayendo y no quiero, pero no me detengo del todo.
Y ese día, de pronto me sorprendí a mi misma sonriendo de camino a casa,
y eso solo puede significar una cosa: Estoy jodida. Un poco. Quizás.
Era un amor inconsistente, o realmente era no saber muy bien
cómo definir todo aquello.
Dejar ir, desprenderse.
Eras como ficción, eras…
Pero la realidad siempre acecha. No hay otra manera.
Quizás nos conocimos en el momento equivocado,
o todo lo contrario. Quizás siempre vas a ser el error, la transición de un lado a otro, el entender. El doler.
Yo era joven, y estaba asustada, pero siempre fui sincera. Me gustaba la forma en que me manejabas, con una delicada astucia. Nunca me opuse, no estaba a la defensiva, no quería estarlo. Pero en algún punto algo se quebró, yo no sabía del todo lo que quería y probablemente no encajaría con tus posibles propuestas, pero quién sabe, la vida nos regaló poco tiempo.
Ahora que estamos distanciados en tiempo y espacio, que no nos movemos al mismo ritmo que lo hacíamos años atrás, que nuestras vidas se separaron como quien separa dos imanes, con fuerza, rápidamente, ahora pienso que has sido el único hombre que ha pasado por mi vida sin dejar manchas negras, pasaste con delicadeza, como una brisa que se llevó todo consigo.
Nunca sentí ninguna necesidad de esconder quien era, nunca me sentí presionada, maltratada, abandonada o engañada. Y me gustaría que, si algún día nos topamos de nuevo, supieras que estoy agradecida por eso, porque después de todo, en algún momento de mi vida podré decir que no todos mis encuentros con el amor fueron dolorosos.
Nací en el 93 en Venezuela. De familia extranjera que huyó tras los estragos que dejó la guerra. A mis nueve años la danza me escogió y desde entonces somos una sola. Soy periodista audiovisual y escribo porque lo que no pongo en palabras sobre el papel, lo borra el tiempo.